Señor Jesús, te doy gracias de corazón por haber pensado en mí desde antes de la creación del mundo, por haberme destinado a heredar tu Reino, por haberme revelado el camino, por ser mi alimento y mi báculo. Te doy gracias por las personas que me han vestido y alimentado, por los que me han visitado y enseñado, por los que han tenido paciencia conmigo y me han perdonado… Eras tú mismo quien me visitaba y me tendía una mano en ellos. Te doy gracias por las personas que han pedido mi ayuda y me han expuesto sus necesidades, por los que han confiado en mí, por aquellos que he podido consolar o ayudar en sus necesidades… Eras Tú quien me esperaba en ellos. Te pido perdón por todas las veces que he ignorado el sufrimiento de mis hermanos, por todas las veces que no he sabido acoger, compartir, escuchar con paciencia, perdonar… Era a ti a quien rechazaba en ellos. Te pido por los que tú me has dado, los que has unido en mi corazón y que forman parte de mi vida; que la certeza de estar destinados, desde antes de la creación del mundo, a heredar tu Reino sea su gozo y su esperanza. Que el escuchar de tu boca que son «benditos», «dichosos», «bienaventurados»… llene de alegría sus existencias. Amén.
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
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