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sábado, 14 de septiembre de 2013

Lo que la Cruz es


El 14 de septiembre es la festividad litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz. ¿Qué es la cruz ayer, hoy y siempre?

La cruz es el resumen de los mandamientos. La cruz es aceptación, es entrega, es ofrenda, es opción, es paz. Es respuesta de amor. Es sabiduría: “Porque para entrar en estas riquezas de la sabiduría de Dios- escribe fray Juan de la Cruz-, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear pasar por ella es cosa de pocos”. En la cruz escribió asimismo Santo Tomás de Aquino se nos dan “ejemplos de todas las virtudes: amor, paciencia, humildad, obediencia, desapego de las cosas materiales”. La cruz es la clave del evangelio, la llave de la puerta santa del cielo.

(Fuente: "Ecclesia Digital")

jueves, 27 de diciembre de 2012

¡SÍ! ¡EL CIELO HA ABIERTO SUS PUERTAS!

 
¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, a través de ellas,
ha descendido lo que en Dios habita: El Amor.
 
¡Si! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, cruzándolas con amor sin igual,
el amor se ha hecho carne y se ha convertido en luz.
Luz que se ha encarnado.
Luz que se ha rebajado.
Luz que se ha transformado en Niño.
Luz que, en la oscuridad, es resplandor de Dios.
 
¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Dios, no ha querido quedarse encerrado en el cielo,
ha querido hacerse Niño para estar entre nosotros,
para llorar, cuando lloremos,
o sonreír, cuando estemos alegres,
para animarnos, cuando estemos por los suelos.
 
¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, al abrirlas Dios de esta manera,
nos enseña que, para entrar por ellas,
hay que aprender, hacerse y ser niño.
Y, al abrirlas Dios tan sorprendentemente
nos enseña un sendero de paz y de amor.
 
¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Pero ¿Habrá abierto sus ventanas el hombre?
¿Tendrá sus ventanas abiertas el mundo?
Si el cielo ha abierto sus puertas,
es porque Dios, tiene algo que dar y algo que recibir:
Nos da a Jesús, que es lo más grande que posee,
y, como respuesta, nuestra fe es lo único que espera.
 
¡Sí! ¡Porque el cielo ha abierto sus puertas es Navidad!
Los pobres, ya no lo son tanto.
La paz, es posible alcanzarla mirando hacia el cielo.
Las tinieblas, tienen sus días contados.
El hombre, tiene su futuro asegurado: ¡Dios!
 
¿Por qué abre el cielo sus puertas siendo Dios tan poderoso?
Porque Dios, ante todo, es Amor.
Porque Dios, sobre todo, es Servicio.
Porque Dios, ante la injusticia, es Justo.
Porque Dios, ante la mentira, es Inocencia.
Si el cielo, ha abierto sus puertas…
¡Abramos nosotros las nuestras!
¡Dios quiere entrar por ellas!
 
 
(Fuente: Padre Javier Leoz, "El rincón de la esperanza") 
 

viernes, 23 de noviembre de 2012

CRISTO, REY DEL UNIVERSO


25 de noviembre
último domingo del año litúrgico


Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el único Señor de la Iglesia y por tanto de los cristianos es Cristo. Posteriormente se movió la fecha al final del año litúrgico para resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Jesucristo es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres. 



Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos que el Reino de Cristo se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, por tanto ya ha comenzado aunque llegará a su plenitud cuando Cristo vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía. Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.


En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, lugar de trabajo y ambiente.

Características del Reino

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo en el corazón de cada hombre, de cada hogar, de cada sociedad y en cada pueblo y así alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su Amor. Se trata de un "Encuentro" como recordaba el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est. (cf. 1)

De aquí surge como respuesta el tercer paso que es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana de donde nacerá el auténtico compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción, de extender el Reino de Cristo mediante obras concretas. Como afirma el Papa en Porta Fidei (cf. 7)
(Fuente: "Yo Reli")

viernes, 9 de noviembre de 2012

EL CIELO EN LA TIERRA

 
BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD (1880-1906) 

En sus cartas y en los demás escritos comienza a manifestar una idea en la que seguirá profundizando hasta el momento de su muerte. Isabel transmite el gozo de vivir ya un anticipo del cielo, viviendo en la intimidad con Dios. Ha descubierto que lo importante no es «sentir» a Dios, sino unirnos a Él por la fe y el amor: «Usted ya conoce mi nostalgia del cielo, una nostalgia que no mengua. Pero yo vivo ya ese cielo, porque lo llevo dentro de mí. Y en el Carmelo uno tiene la impresión de estar ya muy cerca de Él». «Creo que he encontrado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día en que comprendí esto, todo se iluminó en mi interior». 

«La vida de una Carmelita consiste en vivir unida a Dios de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Si Él no llenase nuestras celdas y nuestros claustros, ¡qué vacíos estarían! Pero nosotras le descubrimos en todas las cosas, pues le llevamos dentro, y nuestra vida es un cielo anticipado!». «En la montaña del Carmelo, sumergida en el silencio, en la soledad y en una oración que nunca acaba, pues se prolonga en todo lo que hace, la Carmelita vive ya como en el cielo: “solo de Dios”. El mismo Dios que un día será su felicidad y que la saciará en la gloria, se entrega ahora a ella. […] ¿No es esto el cielo en la tierra? Pues ese cielo, querida hermanita, tú lo llevas dentro de tu alma».

Es vivir con Él, siempre con Él. Es descansar de todo en Él y dejar que Él descanse de todo en nuestra alma… Es no saber otra cosa que amar: amar adorando, amar reparando, amar orando, pidiendo, olvidándose de una misma. Amar siempre y de todas las maneras. Ser esposa es tener los ojos puestos en sus ojos, el pensamiento fijo en Él, el corazón totalmente cautivo, totalmente invadido, como fuera de sí mismo y trasladado a Él, el alma llena de su alma, llena de su oración, y todo el ser cautivo y entregado…
Podéis leer más en el siguiente enlace: "VIDA DE FE" (pinchar aquí)
 
(Fuente: "Caminando con Jesús")

sábado, 20 de octubre de 2012

EL CIELO EMPIEZA EN LA TIERRA

 
Cuando haya pasado la existencia en este mundo, los que hayan acogido a Dios en su vida y se hayan abierto sinceramente a su amor, en el momento de la muerte, podrán gozar de la plenitud de comunión con Dios, que constituye la meta de la existencia humana. (...)
Con todo, esta situación final se puede anticipar de alguna manera hoy, ,tanto en la vida sacramental, cuyo centro es la Eucaristía, como en el don de sí mismo mediante la caridad fraterna. Si sabemos gozar ordenadamente de los bienes que el Señor nos regala cada día, experimentaremos ya la alegría y la paz de que un día gozaremos plenamente. Sabemos que en esta fase terrena todo tiene límite; sin embargo, el pensamiento de las realidades últimas nos ayuda a vivir bien las realidades penúltimas. Somos conscientes de que mientras caminamos en este mundo estamos llamados a buscar «las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 3, 1), para estar con él en el cumplimiento escatológico, cuando en el Espíritu, él reconcilie totalmente con el Padre «lo que hay en la tierra y en los cielos» (Col 1, 20).Catequesis del Papa sobre el Cielo

(Fuente: "aciprensa")

sábado, 11 de agosto de 2012

FIN DE SEMANA CON LLUVIA DE ESTRELLAS

La lluvia de estrellas puede contar 100 meteoros por hora este fin de semana

Las noches del 11 al 12 y del 12 al 13 de agosto, los mejores momentos para contemplar las Perseidas, conocidas como "lágrimas de San Lorenzo"

Aunque la Luna estará en fase menguante y su brillo no debería ser un obstáculo para la observación de esta particular lluvia, su cercanía al radiante -la zona del cielo de la que parece proceder la lluvia por un efecto de perspectiva- sí puede dificultarla. Por este motivo, el período óptimo de observación será la primera parte de la noche, una vez que el cielo esté oscuro y antes de que la Luna haga su aparición sobre el horizonte, es decir, entre las 22.00 y las 02.00-03.00 horas de tiempo local tanto en Canarias como en la península.

(Fuente: "La Vanguardia")

domingo, 8 de enero de 2012

EL DÍA DEL JUICIO FINAL DE DIOS (EXAMEN DE DIOS)

DOGMA DE FE


El Juicio particular y el Juicio final
El Juicio particular y el Juicio final

Todos hemos deseado en algunos momentos de nuestra vida, ser jueces de los demás. Opinamos con facilidad acerca de su vida juzgando si hicieron bien o mal. Sin embargo, nos cuesta trabajo pensar que nosotros también vamos a ser juzgados al final de nuestra vida y que nuestros actos, por más secretos que hayan sido, van a trascender más allá del momento en el que los hicimos.

¿Qué sucede con el alma después de la muerte?

Los cristianos encontramos en el Evangelio algunos pasajes que nos hablan acerca del destino del alma. Específicamente, en la parábola del pobre Lázaro (Lucas 16, 22) y en las palabras que Cristo dirige al buen ladrón, crucificado junto a Él (Lucas 23, 43).

Al morir, nuestra alma se separará de nuestro cuerpo. Se presentará ante Dios para recibir, de acuerdo con lo que nosotros mismos hayamos elegido en la vida terrena, la recompensa o el castigo eterno.

El Juicio Particular

Al morir, tendremos un Juicio Particular. En este juicio nos encontraremos ante Jesucristo y ante nuestra vida: todos nuestros actos, palabras, pensamientos y omisiones quedarán al descubierto.

Suena dramático, pero es real. Si nos encontramos en gracia de Dios, nuestra eternidad feliz empezará en ese momento. Si morimos en una actitud de rechazo total y voluntario a Dios, en pecado mortal, entonces empezará para nosotros el castigo eterno, el infierno.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la “retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe” (n. 1021). El destino del alma será diferente para cada uno de nosotros, de acuerdo a cómo hayamos utilizado nuestro tiempo de vida en la Tierra.

Hay muchas personas que dicen: “Yo me voy a salvar, pues nunca he hecho el mal a nadie”. Hay que tener cuidado, pues ese día no se nos juzgará sólo por el mal que no hayamos hecho, sino también por el bien que hayamos dejado de hacer. Debemos preocuparnos no sólo por evitar hacer el mal, sino por hacer el bien a todo el que nos rodea. Si no hacemos el bien a los demás, llegaremos al juicio con las manos vacías y “no aprobaremos el examen”.

El Juicio Particular, como su nombre lo dice, será para cada uno de nosotros en lo personal. En éste, Dios nos preguntará: “¿Cuánto amaste?” Y cada uno de nosotros tendrá que responder a esta pregunta. Dios espera que cada uno de nuestros actos sea hecho por amor .

San Juan de la Cruz tiene una frase que dice: “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”.


El Juicio Final

El Juicio Final lo tendremos al final de los tiempos, cuando Jesús vuelva a venir glorioso a la Tierra. En él, todos los hombres seremos juzgados de acuerdo a nuestra fe y a nuestras obras.

La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores”, precederá al Juicio Final. Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación (Juan 5, 28-29).

En la Biblia podemos leer cómo será este juicio en Mateo 25, 31.32.46: Lo que sucederá ese día, de acuerdo con la narración de Jesucristo, será como un examen de aquello que nos caracteriza como personas humanas: nuestra capacidad de amar.

En ese día saldrán a la luz todas nuestras acciones y se verá el amor hacia los demás que pusimos en cada una de ellas.

Este amor será el que nos juzgará:

"Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…"

"Id malditos al fuego eterno… porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber…"

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “El Juicio Final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena” (n. 1039).

El juicio final es la prueba de que Dios es infinitamente justo y ha dispuesto todo con sabiduría para que la verdad se conozca y se aplique la justicia en cada hombre con el destino eterno que él mismo se haya merecido.

Algunas personas piensan que no hay que preocuparse por eso de los juicios, pues creen que Dios va a salvar a todos los hombres al final de los tiempos porque es infinitamente bueno y nos ama.

Es verdad que Dios es muy bueno, pero también es muy justo y respeta nuestra libertad. Cuando nosotros estamos en pecado mortal, libremente le hemos dicho a Dios que “no nos interesa salvarnos”. Si morimos en este estado, Dios respetará nuestra decisión. El hombre, con su libertad, alcanza la recompensa o el castigo eterno.

Frente a Cristo se conocerá la verdad de la relación de cada hombre con Dios.
El Juicio Final revelará que la justicia de Dios triunfa sobre todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte.

Reflexionar tanto en el Juicio Particular como en el Juicio Final nos recuerda que mientras tengamos vida, tenemos oportunidad de alcanzar nuestra salvación. Cada día nos ofrece la posibilidad de amar a Dios y a los que nos rodean, de perdonar a los que nos ofenden, de vivir cristianamente.


¿Cuándo será el juicio final?

El mismo Jesucristo nos aclaró que ni siquiera Él conoce el día ni la hora en que se llevará a cabo este acontecimiento, sino sólo Dios Padre. Así que no debemos dejarnos engañar por personas que pretenden conocer la fecha del fin del mundo. No debemos preocuparnos por intentar conocer esa fecha, sino sólo por estar siempre bien preparados, pues no sabemos en qué momento sucederá.

Para profundizar, puedes leer el Catecismo de la Iglesia Católica núm. 668 - 682, 1021-1023, 1038-1042, 2831
(Fuente: "Catholic.net")
Escatología católica (definición): creencias religiosas referentes a la vida después de la muerte y acerca del final del hombre y del universo.

viernes, 12 de agosto de 2011

EL CAMINO HACIA DIOS

 

Los Mandamientos, el camino que Dios nos muestra
Pequeño resumen que ayuda a saber si vamos por el camino correcto

Hoy en día, algunas personas han eliminado a Dios de su vida. Como que en ocasiones nos cuesta seguirle y preferimos borrarlo, en vez de reflexionar por qué nos pide ciertas cosas en el nombre del bien. Unas de las cosas que Dios nos pide es cumplir con los mandamientos que Él nos entregó. Los Mandamientos son un camino para llegar al Cielo y ser felices. Cuando los cumplimos, vivimos en paz.

Los tres primeros mandamientos de la ley de Dios nos enseñan cómo debe de ser nuestra actitud para con Dios y los siete siguientes nos enseñan nuestra actitud hacia el prójimo, con los que nos rodean. 
Los mandamientos de la ley de Dios son los siguientes:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas. 
Este mandamiento nos dice que Dios debe ser lo más importante en nuestras vidas, debemos amarlo, respetarlo y vivir cerca de Él. Esto lo podemos hacer a través de la oración y los sacramentos. 

2. No tomarás el nombre de Dios en vano. 
Este mandamiento nos manda respetar el nombre de Dios y todas las cosas sagradas.
Para cumplir este mandamiento, debemos usar el nombre de Dios con mucho amor y respeto. Debemos de cuidar y respetar todas las cosas que tienen que ver con Dios, así como respetar al sacerdote y a las personas consagradas a su servicio.

3. Santificarás las fiestas. 
Este mandamiento nos manda dedicar los domingos y los días de fiesta a alabar a Dios y a descansar sanamente. Para cumplir con este mandamiento, debemos ir a Misa todos los domingos y fiestas que la Iglesia e indique y celebrar el amor de Dios y todo lo que ha hecho por nosotros. Debemos aprovechar los domingos para rezar más y estar cerca de Dios, así como para descansar sanamente y ayudar a que otros descansen. También, debemos dedicar este día a las cosas de Dios y a la familia.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre
Este mandamiento nos manda honrar, respetar, cuidar, amar a nuestros padres.

5. No matarás 
Este mandamiento nos manda respetar nuestra propia vida y la del prójimo, cuidando de la propia salud, porque la vida humana es sagrada. Se trata de no lastimar ni atentar contra la vida propia o ajena, física o moral.

6. No cometerás actos impuros 
Este mandamiento nos manda conservar la pureza del cuerpo y del alma. Para cumplir con este mandamiento, debemos procurar la limpieza interior de nuestro cuerpo y de nuestra alma ya que es un tesoro muy grande que debemos conservar. Nuestro cuerpo es un templo del Espíritu Santo. 

7. No robarás 
Este mandamiento nos manda respetar las cosas de los demás y utilizar las nuestras para hacer el bien. También, nos manda respetar y cuidar la Creación.

8. No mentirás 
Este mandamiento nos manda ser sinceros y no mentir. Mentir es decir algo falso, es engañar. 

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. 
Este mandamiento nos dice que no debemos pensar ni desear cosas inmorales. Nos pide pureza de corazón para ver todas las cosas con los ojos de Dios.

10. No desearás los bienes ajenos 
Para poder cumplir este mandamiento debemos ser felices con las cosas que tenemos y no tener envidia si alguien tiene más que nosotros. Disfrutar y agradecer lo que tenemos. 

¡Al cumplir los mandamientos vamos a estar cerca de Dios y vamos a vivir más felices! Los Diez mandamientos son el mejor camino para llegar al Cielo. Recuerda, seguimos el mandato de Cristo: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo y, predicar el Evangelio a todas las personas. 

(Fuente: "Catholic.net")