Hoy presento una carta de santa
Teresita de los Andes a su hermano Luis, que estaba algo alejado de las
prácticas religiosas, y le manifiesta su ternura al tiempo que le invita a regresar al Señor.
Convento del Espíritu Santo, Los Andes. 12 de mayo de 1919.
Mi querido Lucho: Que Jesús sea el
lazo de unión de nuestras almas. Ayer recibí tu cariñosa cartita en la
que me expresas los sentimientos de tu alma. Créeme que, después que la
leí, me fui al coro para agradecerle a Nuestro Señor lo que me expresas
haber experimentado .
Déjame, Lucho querido, hablarte de
corazón a corazón. Tu hermana carmelita viene a mostrarte cuál es el
móvil de nuestra vida, el fin primordial de todo hombre, de todo
cristiano: "Conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para
alcanzar el cielo". ¿Qué importa, Lucho querido, todo lo de la tierra,
la ciencia, la gloria, los honores, si todo esto ha de concluir? La
muerte todo lo disipa. Sólo un conocimiento, una verdad no se oscurece,
por que está basada en lo inmutable. Sólo un bien, sólo un amor no se
destruye, porque es eterno e infinito. Todo pasa en la vida, menos
nuestras obras buenas. Lucho, nosotros también pasamos. Sólo un Ser
queda siempre el mismo: Dios. Amémosle, pero antes conozcámosle. Solo El
vale la pena de ser conocido, porque es infinito.
Lucho querido, ¿por qué no buscar a
ese Ser, el único necesario? Amémosle a El y seremos felices, por cuanto
Dios es el objeto de nuestro entendimiento y voluntad. Lucho, el medio
para conocer a Dios es la humildad. "Dios --dice la "Imitación de
Cristo"--no se revela a los soberbios". Humillémonos delante de El.
Pidámosle con el corazón se manifieste a nuestras almas infinitamente.
El no nos despreciará, porque Dios ama a las almas. Busquémosle por
medio de la oración. Aunque no sintamos atractivo por ella, nuestro
entendimiento ha de ver de cuánto provecho le sirve ese conocimiento y
nuestra voluntad ha de querer los medios para llegar a él. El atractivo
sensitivo no se ha de tener en cuenta, sino hasta cierto punto, pues las
facultades superiores son las que gobiernan al hombre. Busquémosle por
medio de los sacramentos. Nuestro Señor nos los dejó para unirnos más a
su Divina Persona. Comulguemos lo más a menudo posible para amarlo más.
Quien se acerca al fuego se calienta.
Lucho querido, a pesar de que la
distancia nos separa, mi alma siempre está muy unida a la tuya. Ambas no
forman sino una sola, ¿no es verdad? Pues bien, yo ya estoy sumida en
Dios. Su amor es la vida de mi alma. Quiero elevarte hasta El; quiero
comunicarte, hermanito mío, un poco del fuego en que me abraso; quiero
calentarte con ese calor infinito, para que tengas vida. Sólo quisiera
de ti la buena voluntad. Déjame, Lucho mío ser tu guía. ¿Quién puede
desearte mejor y mayor bien que tu carmelita?
¡Oh! Si pudieras por un instante
sentirte lleno de felicidad, como yo me siento. Créeme que me pregunto a
cada momento si estoy en el cielo, pues me veo envuelta en una
atmósfera divina de paz, de amor, de luz y alegría infinitas. No creas
que por eso yo te olvido. Sería un egoísmo de mi parte. Cuando me
encuentro sola en mi celda o en el coro, le abro mi corazón al buen
Jesús, le presento los seres que amo, y nada más le digo, porque El lo
sabe todo y El me ama. No llores. Soy feliz. A la Sma. Virgen le he
encargado que te consuele. Ella sufrió más que nadie. Por lo tanto nadie
mejor que Ella puede poner en las heridas del alma la gota de consuelo.
Le pido que en ese hueco que he dejado al separarnos, introduzca a mi
Jesús. El encierra todas las bondades, todos los atractivos para
enamorar tu corazón.
Los sacrificios a que me someto no
son sacrificios; el amor lo endulza y aligera todo. Amo y en amor deseo
vivir toda mi vida. ¿Qué importa mortificar la carne, hacerla morir, si
de esta muerte nace la vida del alma y la unión con Dios?
Mi mamá me cuenta que fueron el otro
día a la Bendición No sabes lo que me ha hecho gozar esta noticia.
Muchas tardes me llevaba mi mamacita a ella y, en el rincón más oscuro
de la iglesia, adoraba y consolaba al Amor, por los que le ofenden y
olvidan.
En ese instante, Lucho querido,
siento el más vivo dolor al ver cómo Dios, en su majestad y grandeza, se
preocupa del hombre, desciende al tabernáculo y se constituye nuestro
amigo íntimo, nuestro médico amoroso, nuestro Todo adorado y, sin
embargo, permanece allí cautivo sin que los hombres piensen siquiera en
El; antes, al contrario, sólo piensan en pecar. ¡Que ingratitud más
execrable! Hermano, no seamos ingratos para ese Dios todo bondad, todo
amor... La ingratitud es propia de corazones sin sentimientos. Y si
nuestros corazones están llenos de afectos ¿sólo Jesús no tendrá
siquiera una parte en ellos?
Voy a concluir esta larga carta, que
espero no será la última. Mi madrecita te manda ese santito, para que
lo guardes como recuerdo de tu carmelita. A mi mamacita, a la Rebeca y a
Ignacio les dirás que apenas tenga tiempo les contestaré sus cartitas,
que me han hecho gozar. A la Lucía, a Chiro y Miguel dales cariñosos
saludos. Para mi papacito un saludo muy cariñoso junto con un abrazo; y
para ti, Lucho regalón, todo el cariño de que es capaz tu hermana Teresa
de Jesús, Carmelita.
P.D. Saluda a mi mamita, Rosa, Susana,etc. Diles que a todas las tengo muy presentes en mis pobres oraciones.
(Fuente: "El blog del Padre Eduardo")