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lunes, 12 de mayo de 2014

El Evangelio del Domingo

 Jesús, Dios Hijo


Queridos amigos:

Tal vez sea esta mi última carta del curso, pues el 27 de mayo, si Dios quiere, saldré de viaje, y cuando regrese, el 20 de junio, ya estaréis de vacaciones…

El Evangelio del Domingo es muy importante: Jesús nos revela que Él es Dios, como el Padre. “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”, “Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí”. Más claro, agua. Jesús de Nazaret no es solo un hombre muy bueno, un personaje muy importante, un profeta, un maestro… ¡Es Dios! 

Mis queridos amigos: los cristianos no seguimos a un gran hombre, a un gran profeta ni a un gran maestro, a un hombre excepcional, extraordinario, buenísimo. No. Los cristianos seguimos a Cristo, que es Dios, como el Padre y el Espíritu Santo. 

Un hombre, por muy bueno que sea, no puede salvarnos del pecado y de la muerte. Si Jesús solo fuera un hombre, no estaríamos salvados. Las puertas del Cielo seguirían cerradas para todos, después del pecado de Adán y Eva.

Por eso tiene tanto sentido la palabra que durante los días de Pascua repetimos una y otra pez: ¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Alegraos! Dios nos ha salvado. Si somos fieles a Jesús, seremos eternamente felices en el Cielo. 

Allí nos espera también nuestra Madre, la Virgen María.
Allí nos veremos algún día.
¡Qué no falte ninguno!

Os deseo un verano muy feliz, con vuestras familias y con Jesús y María.

Vuestro amigo
Tomás

domingo, 30 de marzo de 2014

Evangelio del 5º Domingo de Cuaresma

 



Queridos amigos:



En el Evangelio del 5º Domingo de Cuaresma contemplaremos la resurrección de Lázaro.  

Como en otras ocasiones, os animo a fijaros en unas palabras que Jesús le dice a Marta, una de las hermanas de Lázaro: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó:
-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Nuestra vida no acaba en esta tierra. No acaba con la muerte. En realidad somos inmortales. Y si somos fieles a Jesús, nos espera la Vida feliz para siempre. 

Ser fieles a Jesús… Somos sus discípulos, sus amigos, sus hermanos, y no queremos traicionarlo nunca. Queremos estar siempre con Él, amarlo cada vez más, hacer su voluntad, cueste lo que cueste. No nos faltará su ayuda.

Un amigo no traiciona nunca a su amigo. Pero llegarán momentos en la vida en los que tendréis la tentación de traicionar a Jesús. Os lo digo ahora para que cuando llegue ese momento os acordéis. Os encontraréis con personas que se burlarán de vosotros por ser cristianos, discípulos de Cristo. Que os dirán que ya nadie cree en Jesús, que nadie sigue a Jesús, que estáis anticuados… 

Cuando lleguen esos momentos, tenemos que ser valientes y decir a Jesús: «Yo creo que tú eres el Hijo de Dios, que has muerto y resucitado por mí y por todos, para que todos podamos ser felices eternamente en el Cielo. Gracias de todo corazón. Quiero serte fiel y no dejarte jamás».  

Se acerca la Semana Santa y, por tanto, el Domingo de Resurrección, la fiesta más grande del año. Pero de eso ya hablaremos otro día.

Espero que tengáis muy buen tiempo, y deseo que este curso obtengáis muy buenas calificaciones en todas las asignaturas.


Saludos cordiales de

Tomás


viernes, 21 de marzo de 2014

Evangelio del domingo

 


Queridos amigos:



En el Evangelio del domingo próximo contemplaremos una escena preciosa: la conversación de Jesús, cansado del camino, con una mujer de un pueblo llamado Sicar, en la región de Samaría. Jesús se sienta en el brocal de un pozo, mientras los discípulos van al pueblo a comprar comida. Llega una mujer a buscar agua y Jesús le pide que le dé de beber.


Quiero pensar sobre unas palabras que Jesús le dice a aquella mujer samaritana: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La sed… ¿Habéis pasado sed alguna vez? Pero ¿mucha sed? Es un sufrimiento tremendo. La persona que tiene mucha sed no piensa más que en beber agua, porque sin el agua se muere. 


Jesús le habla a la samaritana de otro tipo de sed: la sed de amor. Todos necesitamos ser amados y amar. Si una persona no es amada y no ama, se muere. No físicamente, sino espiritualmente. 


Pues bien, Jesús nos ama más que nadie, y envía a nuestra alma el Espíritu Santo, que nos hace capaces de amar de verdad a todos.

El que se sabe amado por Jesús y ama de todo corazón a los demás es feliz, “nunca más tendrá sed”.


Ojalá lo recordéis siempre: lo que nos hace felices no es tener muchas cosas o ser admirados por los demás. Lo que nos hace felices de verdad es saber que Dios nos quiere y querer de corazón, con obras, a todos.


Por cierto, me gustan muchísimo los comentarios que hacéis a las cartas que os escribo.

Os envío a todos un saludo lleno de cariño.


Tomás

lunes, 10 de marzo de 2014

Evangelio de la Misa del 2º Domingo de Cuaresma 2014

Queridos amigos:
El Evangelio del próximo domingo nos cuenta el milagro de la transfiguración del Señor ante tres de sus discípulos. Dice el evangelista que, en ese momento, se oyó una voz que decía: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle». Es la voz de Dios Padre que nos confirma que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, y nos pide que escuchemos sus palabras, es decir, que hagamos lo que nos diga.
Quiero subrayar esta palabra: «Escuchadle». ¡Escuchad a Jesús!
Hoy en día hay mucha gente que habla, que dice cómo debemos vivir, que quiere imponer sus ideas. Mucha gente que habla a través de los medios de comunicación, de los libros, de las películas. Pero no todo lo que dicen es verdad. No todo lo que dicen es bueno.
A quien debemos escuchar sin condiciones es a Jesús. Sólo Él nos dice siempre y en todo la verdad. Sólo Él nos indica el camino de la felicidad y de la salvación. Ojalá leáis todos los días los Evangelios: ahí tenéis lo que nos dice Jesús. Porque el Evangelio es como una carta que Jesús nos escribe a cada uno... Y así hemos de leerlo.
Y no olvidéis que Jesús nos habla en el Evangelio y también a través de las enseñanzas de la Iglesia que Él fundó para nuestra salvación. Escuchar a la Iglesia es escuchar a Cristo.
Se acerca la fiesta de san José. En la próxima carta os hablaré de él.
Recuerdos a todos de
Tomás

lunes, 10 de febrero de 2014

Evangelio del domingo (16 de febrero 2014)



En el Evangelio del próximo Domingo, Jesús nos habla de cumplir sus mandamientos: «El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Si queremos saber si amamos de verdad a Jesús, debemos hacernos esta pregunta: ¿Trato de cumplir sus mandamientos?

Porque no basta con decirle a Jesús: “Te quiero”. Eso está muy bien, pero no basta.

Si le decimos, por ejemplo, a nuestra madre: “Te quiero”, y después ella nos pide que le ayudemos a limpiar la casa, o nos envía a hacer un recado, y no lo hacemos, tal vez nos pregunte: “Oye, ¿no decías que me querías?”.

Claro: el amor se demuestra con obras.

Amamos de verdad a Jesús si luchamos por cumplir sus mandamientos.

Pero, ojo, esos mandamientos no son caprichos. Si lo pensáis bien, lo que Jesús nos manda es lo bueno para nosotros y para los demás. Y lo que nos prohíbe es lo malo para nosotros y para los demás. Podemos estar seguros de que si hacemos lo que Jesús nos manda, seremos muy felices y haremos muy felices a los que nos rodean.

¿Y si me cuesta mucho cumplir lo que Jesús me manda? Alguna vez puede suceder que nos cueste mucho. Pues os voy a decir el secreto para poder hacerlo. Atentos. Tomad nota. Porque esto va muy en serio, chicos. Y lo tengo muy comprobado.

El gran secreto para hacer la voluntad de Jesús es… ¡pedir ayuda a nuestra Madre!

Que Ella os bendiga. Mejor dicho: Ella os bendice siempre, porque sois sus hijos.

Tomás

miércoles, 5 de febrero de 2014

Evangelio del domingo (9 de febrero de 2014)



Queridos amigos:

El domingo pasado me equivoqué de Evangelio. Era otro diferente, porque era la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, y no me di cuenta. ¡Perdón!

En el Evangelio del domingo próximo oiremos estas palabras del Señor dirigidas a cada uno de nosotros: “Vosotros sois la sal de la tierra”, “Vosotros soy la luz del mundo”. 
 
En el mundo en el que vivimos hay mucha oscuridad, mucho egoísmo y poco amor, porque hay mucha gente que no conoce a Jesús. ¡Ese es el gran problema! 
 
Nosotros lo conocemos. Somos sus amigos. Pero tenemos que darlo a conocer al mundo entero. Si lo damos a conocer a los demás, haremos que este mundo sea más luminoso y más alegre. Un mundo en el que dará gusto vivir… 
 
¿Y cómo daremos a conocer a Jesús?
Sobre todo, con nuestras buenas obras. Si luchamos por portarnos bien, los demás verán reflejado a Jesús en nosotros.

Ojalá que cada día nos parezcamos un poco más a Jesús en nuestro modo de comportarnos con los demás, de estudiar, de hablar y de divertirnos.

Pero si fallamos, no podemos desanimarnos. Hay que pedir perdón y seguir adelante. ¡Siempre adelante, llenos de alegría y buen humor, de la mano de nuestra Madre, la Santísima Virgen!

Que Ella os bendiga siempre.

Tomás


miércoles, 29 de enero de 2014

Evangelio del domingo (2 de febrero 2014)

 

Queridos amigos:

El próximo domingo escucharemos el Evangelio de las Bienaventuranzas. Bienaventuranza significa Felicidad. 

Es un Evangelio precioso. Jesús nos descubre ocho “secretos” para ser felices. 

Todas las Bienaventuranzas son importantes, pero si tuviera que elegir una para hablaros de ella, elegiría esta: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”. 

Misericordioso es el que perdona a los demás. 

No me negaréis que a veces perdonar es difícil. Cuando una persona te insulta, cuando un amigo te traiciona, cuando alguien a quien pides un favor no te lo hace… Lo primero que sentimos es rencor, deseo de venganza, enfado… Y ahí es cuando hay que decir: “¡No! No quiero odiar, quiero perdonar. Señor, ayúdame a hacer como Tú, que siempre nos perdonas”.

Las personas que perdonan son felices, tienen paz. Las que odian viven amargadas… Y hasta la cara se les pone feísima…

¡Pues, ánimo, chicos! ¡A ser como Jesús: a perdonar siempre! 

Os recuerdo a todos en mis oraciones.

Tomás




lunes, 20 de enero de 2014

Evangelio del domingo (26 de enero 2014)


Queridos amigos:

En el Evangelio del Domingo que viene vais a escuchar que Jesús llama a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan, que eran pescadores, para que lo sigan. Y ellos dejan la barca y se van con Jesús. 
 
Jesús también nos llama a vosotros y a mí para que lo sigamos de cerca. ¿No decimos que somos cristianos, que somos discípulos de Jesús, seguidores de Jesús?

Pero también nosotros, si queremos seguir a Jesús, tenemos que dejar a un lado lo que nos impide seguirle de cerca. 
 
¿Cuál es nuestra barca, esa barca que tenemos que dejar para seguir a Jesús?

Pienso que a veces nuestra barca es la comodidad. Cuando alguien necesita de nosotros y nos pide ayuda… ¡cuánto nos cuesta dejar la comodidad! 
 
¡Pues, ánimo, chicos! Vamos a dejar la barca de la comodidad, de la pereza y de la flojera, para servir con buena cara a todo el que necesite nuestra ayuda, empezando por nuestros familiares y siguiendo por nuestros amigos… ¿De acuerdo?

Que la Madre de Dios os bendiga siempre.

Tomás