Queridos amigos:
Tal vez sea esta mi
última carta del curso, pues el 27 de mayo, si Dios quiere, saldré
de viaje, y cuando regrese, el 20 de junio, ya estaréis de vacaciones…
El Evangelio del Domingo
es muy importante: Jesús nos revela que Él es Dios, como el Padre.
“Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”, “Yo estoy en el Padre,
y el Padre en mí”. Más claro, agua. Jesús de Nazaret no es solo
un hombre muy bueno, un personaje muy importante, un profeta, un maestro…
¡Es Dios!
Mis queridos amigos:
los cristianos no seguimos a un gran hombre, a un gran profeta ni a
un gran maestro, a un hombre excepcional, extraordinario, buenísimo.
No. Los cristianos seguimos a Cristo, que es Dios, como el Padre y el
Espíritu Santo.
Un hombre, por muy bueno
que sea, no puede salvarnos del pecado y de la muerte. Si Jesús solo
fuera un hombre, no estaríamos salvados. Las puertas del Cielo seguirían
cerradas para todos, después del pecado de Adán y Eva.
Por eso tiene tanto
sentido la palabra que durante los días de Pascua repetimos una y otra
pez: ¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Alegraos! Dios nos ha salvado. Si somos
fieles a Jesús, seremos eternamente felices en el Cielo.
Allí nos espera también
nuestra Madre, la Virgen María.
Allí nos veremos algún
día.
¡Qué no falte ninguno!
Os deseo un verano muy
feliz, con vuestras familias y con Jesús y María.
Vuestro amigo
Tomás



