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jueves, 12 de marzo de 2015

Las obras de misericordia

 


 

 


 

 

 


Un deseo del Papa: 24 horas para combatir la indiferencia


"Dios rico en misericordia”, es el lema de la jornada de oración y confesión “24 horas para el Señor”, al que se refiere el Papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma 2015. Se celebrará en todo el mundo los días 13 y 14 de marzo.

En el mensaje para la Cuaresma 2015, Francisco insiste en la necesidad de combatir la indiferencia: "También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?".

Y sugiere dos medidas para superar la indiferencia: la oración y los gestos de caridad: “En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración".
(Fuente: "Opus Dei")

Dios es rico en misericordia

EscudoEpiscQueridos diocesanos:
 
            En nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua hemos de convertir o volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios, a su amor y al prójimo. Sólo así podremos descubrir que en nuestra vida hay acciones u omisiones que nos alejan de Dios, de su amor y del amor al prójimo: esto es el pecado. Cuanto más presente está Dios en el corazón de una persona, más sentido hay para aquello que nos aleja de su amor, más conciencia hay de pecado. Pero también en esta situación, Dios nos sigue amando. Como el fuego que, por su propia naturaleza, no puede sino quemar, así Dios no puede dejar de amar. "Porque Dios es amor" (1 Jn 4,8).

sábado, 25 de octubre de 2014

Amor a Dios y al prójimo

 
Las lecturas de este domingo nos hablan del amor... del amor en sus dos dimensiones: amar a Dios y amar al prójimo.  En estos dos mandamientos se encierra la voluntad de Dios, la cual nos ha sido revelada en la Sagrada Escritura.  Nuestra relación con Dios va en sentido vertical y nuestra relación con el prójimo va en sentido horizontal, como formando una cruz, en la cual uno y otro eje son indispensables.  No puede separarse uno del otro.

Veamos el primero de los dos mandamientos: amar a Dios.  Nos dice Jesús en el Evangelio que éste es “el más grande y el primero de los mandamientos”  (Mt. 22, 34-40).   Pero... ¿en qué consiste?  ¿Qué significa amar a Dios?  El mismo Jesús nos lo dice: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn. 14, 15).   Amar a Dios, entonces, es complacer a Dios.  Quien ama complace al ser amado.  Amar a Dios es tratar de agradar a Dios en todo, en hacer su Voluntad, en cumplir sus mandamientos, en guardar su Palabra.  Amar a Dios es también, amarlo a El primero que nadie y primero que todo. Y amarlo con todo el corazón y con toda el alma significa estar dispuestos a cumplir sus deseos y a entregarnos a El sin condiciones.

Ambos mandamientos -el amor a Dios y el amor al prójimo- están unidos.  Uno es consecuencia del otro.  No podemos amar al prójimo sin amar a Dios.  Y no podemos decir que amamos a Dios si no amamos al prójimo, pues el amor a Dios necesariamente se traduce en amor al prójimo.

Como el Señor nos manda a “amar al prójimo como a nosotros mismos”, debemos ver qué significa eso y cómo se ama así.  ¿Qué es amarse a uno mismo?  

Vale la pena aquí detenerse un poquito, para revisar lo que se ha dado por llamar “auto-estima”, concepto que ha pretendido basarse en esta frase del Señor, en la que se dice que El nos manda a amarnos a nosotros mismos.  Pero, viéndolo bien... ¿qué es amarse a uno mismo? ¿Significa amar a alguien estimar sus cualidades o, más bien, amarlo significa buscar su bien sin tener en cuenta cualidades y defectos?  Asimismo,  ¿significa amarse a uno mismo estimar las cualidades propias o, en cambio, significa buscar el propio bien y la propia complacencia?  Apreciar las propias cualidades y el propio valer es estimarse a uno mismo.  No significa esta estima amarse a uno mismo.  Amarse a uno mismo es otra cosa: es buscar el propio bien y la propia complacencia.  Y ésa fue la medida mínima que Dios nos puso para amar a los demás.

 ¿Qué nos quiere decir el Señor, entonces, cuando nos pide amar al prójimo como a uno mismo?  Nos quiere decir que desea que tratemos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos.  Si nos fijamos bien, somos muy complacientes con nosotros mismos: ¡cómo respetamos nuestra forma de ser y de pensar!  ¡Cómo excusamos nuestros defectos! ¡Cómo defendemos nuestros derechos!  ¡Cómo nos complacemos nosotros mismos, buscando lo que nos agrada y lo que necesitamos o creemos necesitar!  

El precepto del Señor de amar a los demás tiene esa medida: la medida de cómo nos respetamos y nos complacemos nosotros mismos.  Dicho más simplemente:  debemos tratar a los demás como nos tratamos a nosotros mismos, complacer a los demás como nos complacemos a nosotros mismos, ayudar a los demás como nos ayudamos a nosotros mismos, respetar a los demás como nos respetamos a nosotros mismos, excusar los defectos de los demás como excusamos los nuestros, etc, etc.

Amar al prójimo como a uno mismo no significa, por tanto, auto-estimarse, sino más bien seguir este otro consejo de Jesús: “Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes”  (Lc. 6, 31).  Nos amamos tanto a nosotros mismos que esa fue la medida mínima que puso el Señor para nuestro amor a los demás.

Debemos tener en cuenta, además, que nuestro amor al prójimo no puede depender de las cualidades de ese prójimo, ni siquiera de cómo sea el trato que ese prójimo nos dé.  Nuestro amor a los demás depende, más bien, del hecho de que todos somos creaturas de Dios.

¿Cómo se ama al otro?  Para contestarlo en pocas palabras: amar al otro es pensar en las necesidades del otro antes que en las necesidades propias.  Es cumplir esta petición de Jesús: “Hagan a los demás todo lo que quieran que hagan a ustedes” (Mt. 7, 12).
 
Una lista más completa la tenemos en las Obras de Misericordia, tanto espirituales, como corporales, que nos propone la Iglesia Católica.  En esa lista vemos cómo amar al prójimo es estar atento a sus necesidades, que pueden ser espirituales (enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por vivos y difuntos); o materiales (dar de comer al hambriento, dar techo al que no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, enterrar a los muertos, redimir al cautivo, dar limosna a los pobres).

Sin embargo, es fácil amar a quienes nos aman y hacer bien a quienes nos hacen bien, pero cosa difícil es amar a quienes no nos tratan bien o a quienes -voluntaria o involuntariamente- nos causan algún desagrado o algún daño.  Pero recordemos que Jesús nos  ha dicho: "Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.  Así serán hijos de su Padre que está en los cielos.  El hace brillar el sol sobre malos y buenos, y caer la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt. 5, 43-45).  Precepto difícil de cumplir, pero no imposible, pues Dios no puede pedirnos nada imposible.  Amar a los enemigos significa perdonarlos, a pesar de lo que nos hagan, no desearles mal ni buscar la venganza y la retaliación, sino en cambio, desearles el bien y procurárselo cuando se presente la oportunidad.

Para tomar la medida de nuestro amor al prójimo podemos revisar en San Pablo su descripción del amor fraterno: “El amor es paciente y servicial.  No tiene envidia.   No actúa con bajeza, ni busca su propio interés.  El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona.  Nunca se alegra del mal.  El amor disculpa todo... todo lo soporta” (1 Cor. 13, 4-7).

Decíamos que Jesús nos dio una medida mínima para nuestro amor al prójimo: amarlo como nos amamos a nosotros mismos.  Pero también nos dio una medida máxima, que El nos mostró con su ejemplo: “Ámense unos a otros como Yo los he amado” (Jn. 15, 12).   Y El nos amó mucho más que a sí mismo. 

(Fuente: "homilia.org / La Homilía de este domingo")



jueves, 19 de septiembre de 2013

La alegría de construir juntos el Reino de DIOS

dios-amor 
Va a ser nuestro lema para este curso 2013-2014.

Por Amor fuimos traídos a la existencia, mediante el Amor desarrollaremos nuestra naturaleza, al Amor tiende –como destino- nuestra vida…  El Amor es la huella, la señal, la seguridad de que vamos por buen camino…  No nos desviemos de él…  Ni nos alejemos mucho de quienes han hecho de su vida un testimonio del Amor.


miércoles, 13 de febrero de 2013

¡FELIZ DÍA DEL AMOR Y DE LA AMISTAD!


Os propongo para el jueves (14 de febrero, día de San Valentín) decir algo bonito a los compañeros de clase, a los maestros, a los padres, a todos los que veáis. ¡FELIZ DÍA!

jueves, 23 de agosto de 2012

PERSIGUIENDO UN OBJETIVO

 

Sólo hay un objetivo que puede ser común a la humanidad entera: el amor... y resulta que el amor todos podemos alcanzarlo poniendo de nuestra parte, acogiendo, respetando, valorando y aceptándonos tal cual somos.
Para nosotros, creyentes, el amor es el modelo que tenemos a seguir en Jesús de Nazaret. ¡Eso sí es un objetivo a nuestro alcance! porque, a pesar de nuestros fallos y virtudes el hecho de perseguir esa meta nos engrandece cada día.
(Fuente: Blog Reflejos Luz)

martes, 27 de marzo de 2012

JESÚS, MAESTRO

Jesús como maestro, enseñaba la Palabra de Dios para que la pongamos en práctica en la vida diaria. "Todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca" (Mt 7, 24-27). 
Es una enseñanza muy especial, no sólo para ser conocida por la mente y guardarla en la memoria, sino implica ser vivida desde el corazón y a través de buenas obras de amor, misericordia y solidaridad hacia el hermano. La solidaridad es una consecuencia del amor fraterno. Toda aquella persona que ha experimentado el amor de Dios hace como suyas las necesidades de los demás. Y toma conciencia.
Hay que dar culto a Dios y querer a tu prójimo sin excluir a nadie. Esto es cumplir los 10 Mandamientos de la Ley de DIOS.

jueves, 6 de octubre de 2011

¿QUÉ PODEMOS HACER?


 
La línea que seguimos marca la vida.


 
 Si no podemos hacer grandes cosas, podemos hacer pequeñas cosas con gran amor.