sábado, 19 de noviembre de 2011

UNA GUÍA PARA ENCONTRAR A DIOS

Fuente: "antenamisionera"


Solemnidad de Cristo Rey – 20 de Noviembre de 2011 

Evangelio: Mt 25, 31-46
Al final de la vida Jesús preguntará a cualquier hombre que llegue hasta él cuál ha sido su comportamiento ante el sufrimiento del ser huma­no. Y no les podrá servir de disculpa el decir que no conocían el proyecto de Jesús, o que no sabían que lo que hacían los seguidores de Jesús era la voluntad de Dios; ni siquiera les valdrá decir que no habían tenido la oportunidad de conocer a Dios. No servirán esas disculpas. Ni tendrían sentido: por­que lo que Jesús preguntará a los hombres no será si se han puesto de la parte de Dios, sino si han estado del lado del hombre.
Cuando abramos los ojos y podamos ver la realidad ¿no será ya un poco tarde? Todos andamos buscando a Dios. Todos preguntamos dónde encontrarle. Y Dios nos diría a todos: “No seáis tontos. Si cada día estoy a vuestro lado y me cruzo en vuestro camino y todavía andáis preguntando dónde estoy!”


¿Dónde buscamos a Dios?
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Una mirada diferente
La gente no es mala. Sencillamente que no ha aprendido a ver con los ojos de Dios. Por eso los personajes de la parábola se quedan todos sorprendidos y todos dicen lo mismo:
¿Cuándo te vimos con hambre?
¿Cuándo te vimos con sed?
¿Cuando te vimos desnudo, forastero o en la cárcel?
Nos imaginamos que el lugar de Dios tiene que ser la Iglesia. Pero ni se nos ocurre que Dios pueda estar en la cárcel. O que Dios pueda estar desnudo y tener hambre. O que esté triste o enfermo, o pidiendo limosna a la puerta de la Iglesia.
Dios empeñado en encarnarse. En hacerse visible en nuestra condición humana.
Y nosotros empeñados en deshumanizar a Dios y hacerlo solo divino.
Dios empeñado en revelarse como hombre y en los hombres.
Y nosotros empeñados en querer verle en su rostro divino.
A nuestra respuesta de “¿Cuándo te vimos?” Dios tiene otra respuesta: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. ¡Vaya chasco! ¡No ver a Dios cuando lo que abundan son los rostros de Dios en el mundo!.

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