martes, 10 de enero de 2012

¡PAZ Y BIEN!


Una de las primeras biografías de San Francisco nos transmite que tanto Francisco como sus compañeros basaban su pedagogía de pacificación en la verdadera paz con uno mismo y con la fraternidad, con el grupo, transmitiendo serenidad y alegría contagiosa. Decía Francisco: "La paz que proclamáis con la boca, debéis tenerla desbordante en vuestros corazones, de tal manera que por vuestra paz y mansedumbre invitéis a todos a la paz y a la benignidad".

El mismo Francisco, en su Testamento, recuerda algunos valores que el Señor, dador de todo bien, le ha regalado, y uno de ellos es que encontrándose con la gente les diese este saludo: "El Señor te dé la paz". Así que no solo de camino o por las calles de la ciudad, sino que en cada sermón, antes de comunicar la palabra de Dios e invitar a la conversión, deseaba la paz a los presentes diciendo: "El Señor os dé la paz". La paz, fruto de la justicia, abre el camino a la bondad, lluvia fecunda del Dios que es bien, todo bien, sumo bien, y que se concreta entre los hombres en la concordia y la reconciliación. 
 
"Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor
Y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
Pues por ti, Altísimo, coronados serán".

El saludo de "Paz y Bien" es una invitación a abrir el corazón a la paz, fuerza interior y principio de renovación y de bien moral y social. Por eso, Francisco pedía a sus hermanos que no quería que se mostrasen tristes y enojados, sino, más bien, gozosos en el Señor, alegres y debidamente agradables.

( Fuente: "pazybien.org")

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