sábado, 31 de marzo de 2012

LA VERDADERA ALEGRÍA



(...) La verdadera paz y la verdadera alegría, las que el mundo no puede dar, porque no las posee, provienen de lo que Jesús dice en el evangelio: “No os dejo solos… Volveré a vosotros… Os daré mi Espíritu” (Jn 14,18ss). Estas palabras las dice en su discurso de despedida, después de la última cena. Efectivamente, después de su muerte en la cruz, regresó a la vida, se apareció a los discípulos, dándoles su paz (Jn 20,19) y ellos “se llenaron de alegría al ver al Señor” (Jn 20,20). A continuación “sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22).
Estas no son historias antiguas. Lo que sucedió entonces sigue aconteciendo hoy. Jesús resucitado se hace presente en nuestras vidas, nos da su paz y su alegría, nos comunica su Espíritu. Por eso podemos vivir gozosos, a pesar de las contradicciones de la vida, a pesar de los sufrimientos y de las humillaciones. Si el Espíritu de Jesús vive en nosotros, eso significa que somos partícipes de su misma vida y un día seremos herederos de su reino.(...)

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