San Simón Stock: Religioso de la Orden Carmelita.
Celebración: 16 de Mayo
De nacionalidad inglesa, vivió en el siglo XIII.
Alcanzó en la Orden del Carmen renombre por su relevante santidad y singular devoción mariana. Se le conocía por el sobrenombre de "El amado de María". Se le atribuye plegaria a la Virgen María.
Celebración: 16 de Mayo
De nacionalidad inglesa, vivió en el siglo XIII.
Alcanzó en la Orden del Carmen renombre por su relevante santidad y singular devoción mariana. Se le conocía por el sobrenombre de "El amado de María". Se le atribuye plegaria a la Virgen María.
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En
el ocaso de mi vida, y al final de mis días como General de la Orden
del Carmen, invoco una vez más a la Virgen María y le ruego me conceda
la fuerza necesaria para dejar testimonio de algunos hechos que dieron
sentido a mi paso por este mundo.
Hace
algún tiempo, yo, Simón Stock, tuve el privilegio de unirme a aquellos
religiosos llegados del bíblico Monte Carmelo, que se consideran
discípulos del profeta Elías y, al mismo tiempo, hermanos de la Madre de
Dios. Pertenecer a una Orden cuyos vínculos con María se remontan al
Antiguo Testamento es mi mayor orgullo: Ya Elías vio prefigurada a María
–antes de su nacimiento– en una nubecilla que ascendía del mar y que se
interpretó como una prefiguración de la Inmaculada Concepción de la
Virgen. Este hecho explica el vigor con el que los carmelitas siempre la
hemos defendido, llevando el color que simboliza su pureza en el blanco
de nuestras capas.
En
una peregrinación al Monte Carmelo conocí otras tradiciones que unían
nuestra historia a la de la Virgen. Durante su infancia, María visitaba
con frecuencia esta Sagrada Montaña, ya que Nazaret está a pocas leguas
de distancia. También se cuenta que volvió más tarde con José y con
Jesús. Esa estrecha relación entre la Virgen y el Carmelo explica
algunos acontecimientos que tuvieron lugar tiempo después. Con la llegada de la Orden a Occidente, en los primeros años de esta centuria del 1.200, llegaron también los tiempos difíciles. Nuestra rápida expansión por Europa fue contemplada por algunos como una amenaza, y esto desencadenó una dura persecución contra nosotros. Fueron tiempos duros, que me hicieron comprender la importancia de la fe, el único refugio que buscábamos los Carmelitas y que hallamos bajo el manto de Nuestra Señora.
A Ella elevaba cada día mis plegarias en espera de obtener su protección. La respuesta llegó en el año de gracia de 1251. En esas fechas tuve el honor de recibir el favor de la Madre de Dios. Ella quiso escoger a este humilde siervo para mostrar su protección a la Orden Carmelita, haciéndome entrega del Escapulario.
Ella me dijo: «Recibe este signo de mi amor y protección para ti y para todos los carmelitas: Quien muriere con él no padecerá las penas del infierno». Aquellas palabras convertían en un sacramental, en un don del cielo, lo que hasta entonces había sido una tosca indumentaria, propia de los plebeyos y, por ello, sinónimo de servidumbre. A partir de entonces sería símbolo de protección y promesa de salvación eterna.
Sé que se acerca el día en que veré esa promesa cumplida y el rostro de quien me eligió para dejar este testimonio. Hasta entonces seguiré invocándola del modo que ella me inspiró, rezando, con la misma devoción con la que invito a mis hermanos a hacerlo, el Flos Carmeli. Fray Simón Stock.
(Fuente: blog Padre Eduardo)
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