lunes, 11 de junio de 2012

ESPERANZADOR TESTIMONIO DE UN SACERDOTE TETRAPLÉJICO


 


Don Luís vive en Pamplona, y su casa es un lugar en el que se palpa el gran cariño que le tienen las personas que lo atienden. Es fácil entrar en su habitación y encontrarlo contestando él mismo algunos correos electrónicos en su ordenador adaptado o actualizando su página web: www.fluvium.org (enlace)
 
        En 1991, don Luis de Moya, siendo ya sacerdote del Opus Dei sufrió un accidente de tráfico en el que salvó la vida milagrosamente. En el choque sufrió la fractura de la segunda cervical, que le dañó la médula espinal y le hizo perder toda la movilidad y sensibilidad de su cuerpo, de cuello para abajo. Entonces don Luís, una vez que supo que salvaba la vida, tuvo que aprender a vivir sin cuerpo, o con un cuerpo maltrecho, dependiente de los demás para muchas cosas. Casi todas. 


 


 Desde los años de experiencia 'al mando' de una silla de ruedas, se le invita a hablar para los que puedan sufrir o ya hayan sufrido una lesión como la suya. A ellos los "animaría a que no, entren en la dinámica negativa de echar cuentas, una y otra vez, de las desgracias innumerables que padecen como consecuencia de un tonto accidente, que no se dejen vencer por la pereza o la dejadez, que no entren en ese círculo vicioso: cuánto he perdido, qué desgraciado soy, nunca más podré ya hacer...; todo será sufrimiento y dolor por tanto como ha perdido, y así hasta el infinito. Por el contrario, los animaría a que trabajen, a que busquen actividades, a que se obliguen a un horario, y que no se planteen esas actividades como un modo de 'pasar el tiempo', un mero distraerse. Que piensen en lo que todavía conservan y en cómo sacarle rendimiento. Hay demasiadas cosas que hacer como para no hacer nada. Y si no se les ocurre qué hacer, que se pongan en contacto conmigo, que ya les daré trabajo".
 
        También tiene palabras de aliento para los familiares de ese posible accidentado y para los que lo cuiden, a los que "animaría a que valoren 1o que tienen en casa. Realmente es un tesoro. Los ayudará a trabajar por los demás, a valorar la vida. Dan amor y reciben amor. Se harán más humanos, más comprensivos. Les diría que sientan la responsabilidad de amar con hechos a quien tanto lo necesita y parece haber sido puesto con ellos para facilitarles amar. Y que tengan la certeza de que en eso, más que en ninguna otra cosa, estará la grandeza de cada uno de ellos." Algo que, con su ejemplo, entrega y tenacidad, nos enseña cada día don Luis. 

(Fuente: "muertedigna")

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