EL VALOR DE LA ORACIÓN
Jesús invita, recomienda, impone la oración,
une a ella toda gracia, toda bendición hasta la salvación eterna.
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Él mismo reza por todas partes y siempre:
en el templo, en el Huerto de los Olivos, en el monte,
sobre las aguas, en las plazas y en las sinagogas.
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San Pedro corre el peligro de hundirse en las aguas y reza;
la oración lo fortifica.
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Marta y María piden llorando ante Jesús
en la hora del dolor y la oración las consuela.
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Rezan los Apóstoles en el cenáculo
y la oración hace descender al Espíritu Santo con sus dones celestiales.
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Y tú,
¿cuándo rezas?
¿Sólo cuando estás enfermo
o cuando quieres que algo te salga bien?
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Reza siempre
porque siempre
tienes necesidad de permanecer junto a tu Dios.
(Fuente: "aprendiendo a vivir en cristiano")
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