Cuando haya pasado la existencia en este mundo, los que hayan acogido a
Dios en su vida y se hayan abierto sinceramente a su amor, en el momento de la muerte, podrán gozar de la plenitud de comunión con
Dios, que constituye la meta de la existencia humana. (...)
Con todo, esta situación final se puede anticipar de alguna manera
hoy, ,tanto en la vida sacramental, cuyo centro es la Eucaristía, como
en el don de sí mismo mediante la caridad fraterna. Si sabemos gozar
ordenadamente de los bienes que el Señor nos regala cada día,
experimentaremos ya la alegría y la paz de que un día gozaremos
plenamente. Sabemos que en esta fase terrena todo tiene límite; sin
embargo, el pensamiento de las realidades últimas nos ayuda a vivir bien
las realidades penúltimas. Somos conscientes de que mientras caminamos
en este mundo estamos llamados a buscar «las cosas de arriba, donde está
Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 3, 1), para estar con él en
el cumplimiento escatológico, cuando en el Espíritu, él reconcilie
totalmente con el Padre «lo que hay en la tierra y en los cielos» (Col
1, 20).Catequesis del Papa sobre el Cielo
(Fuente: "aciprensa")
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