25 de noviembre
último domingo del año litúrgico
último domingo del año litúrgico
Un poco de historia
La
fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo
de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público
que el único Señor de la Iglesia y por tanto de los cristianos es
Cristo. Posteriormente se movió la fecha al final del año
litúrgico para resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la
historia universal. Jesucristo es el alfa y el omega, el principio y el
fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y
servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para
siempre y para todos los hombres.
Esta
fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos que el Reino de
Cristo se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace
casi dos mil años, por tanto ya ha comenzado aunque llegará a su
plenitud cuando Cristo vuelva al mundo con toda su gloria al final de
los tiempos, en la Parusía. Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó
de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.
En
la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en
nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y
así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta
forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros
mismos y en nuestros hogares, lugar de trabajo y ambiente.
Características del Reino
Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo
En
ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y
encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros
de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo
ni cuándo, pero eficaz.
La
Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de
Jesucristo en el corazón de cada hombre, de cada hogar, de cada sociedad
y en cada pueblo y así alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor,
la paz y la justicia y la salvación eterna.
Para
lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer
a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y
los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión son medios
para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros
corazones a su Amor. Se trata de un "Encuentro" como recordaba el Papa
Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est. (cf. 1)
De
aquí surge como respuesta el tercer paso que es imitar a Jesucristo. El
amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer
como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera
caridad y autenticidad cristiana de donde nacerá el auténtico compromiso
apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción, de extender
el Reino de Cristo mediante obras concretas. Como afirma el Papa en Porta Fidei (cf. 7)
(Fuente: "Yo Reli")
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