BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD (1880-1906)
En sus cartas y en los demás escritos
comienza a manifestar una idea en la que seguirá profundizando hasta el
momento de su muerte. Isabel transmite el gozo de vivir ya un anticipo
del cielo, viviendo en la intimidad con Dios. Ha descubierto que lo
importante no es «sentir» a Dios, sino unirnos a Él por la fe y el amor:
«Usted ya conoce mi nostalgia del cielo, una nostalgia que no mengua.
Pero yo vivo ya ese cielo, porque lo llevo dentro de mí. Y en el Carmelo
uno tiene la impresión de estar ya muy cerca de Él». «Creo
que he encontrado mi cielo en la tierra, pues el cielo es Dios y Dios
está en mi alma. El día en que comprendí esto, todo se iluminó en mi
interior».
«La vida de una Carmelita consiste en vivir unida a Dios de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Si Él no llenase nuestras celdas y nuestros claustros, ¡qué vacíos estarían! Pero nosotras le descubrimos en todas las cosas, pues le llevamos dentro, y nuestra vida es un cielo anticipado!». «En la montaña del Carmelo, sumergida en el silencio, en la soledad y en una oración que nunca acaba, pues se prolonga en todo lo que hace, la Carmelita vive ya como en el cielo: “solo de Dios”. El mismo Dios que un día será su felicidad y que la saciará en la gloria, se entrega ahora a ella. […] ¿No es esto el cielo en la tierra? Pues ese cielo, querida hermanita, tú lo llevas dentro de tu alma».
«La vida de una Carmelita consiste en vivir unida a Dios de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Si Él no llenase nuestras celdas y nuestros claustros, ¡qué vacíos estarían! Pero nosotras le descubrimos en todas las cosas, pues le llevamos dentro, y nuestra vida es un cielo anticipado!». «En la montaña del Carmelo, sumergida en el silencio, en la soledad y en una oración que nunca acaba, pues se prolonga en todo lo que hace, la Carmelita vive ya como en el cielo: “solo de Dios”. El mismo Dios que un día será su felicidad y que la saciará en la gloria, se entrega ahora a ella. […] ¿No es esto el cielo en la tierra? Pues ese cielo, querida hermanita, tú lo llevas dentro de tu alma».
Es vivir con Él, siempre con Él. Es descansar de todo en Él y dejar que Él descanse de todo en nuestra alma… Es no saber
otra cosa que amar: amar adorando, amar reparando, amar orando,
pidiendo, olvidándose de una misma. Amar siempre y de todas las maneras.
Ser esposa es tener los ojos puestos en sus ojos, el pensamiento fijo
en Él, el corazón totalmente cautivo, totalmente invadido, como fuera de
sí mismo y trasladado a Él, el alma llena de su alma, llena de su
oración, y todo el ser cautivo y entregado…
(Fuente: "Caminando con Jesús")
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