“Allí donde está tu riqueza, allí estará también tu corazón” (Mt. 6, 21).
Un viejo ermitaño fue invitado en cierta ocasión a la corte del rey más poderoso de la época.
- Siento envidia de un hombre santo que se conforma con tan poco- dijo el rey.
- Siento envidia de Vuestra Majestad, que se conforma con menos que yo- respondió el ermitaño.
- ¿Cómo me dices eso si todo este país me pertenece?- replicó el rey, ofendido.
-
Justamente por eso –contestó el viejo ermitaño-. Yo tengo la música de
las esferas celestes, tengo los ríos y las montañas del mundo entero,
tengo la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi alma. Vuestra
Majestad, sin embargo, sólo tiene reino.
Tomado del libro: “Maktub”.
Paulo Coelho.
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