El infierno, aquí en la tierra
Lo mismo que el cielo se podría probar aquí en la tierra cuando el ser humano se realiza en el amor y la fraternidad, el infierno también se realizaría aquí, en los momentos en que se opta por la soledad y el egoísmo, y se van armando barreras contra el amor, cada vez más impenetrables. Sin embargo, no debería de confundirse esta dimensión presente del infierno, que significaría cerrarse al amor y encerrarse en el egoísmo, con los momentos de sufrimiento que la vida tiene: una cosa sería sufrir y aun así quedar abierto al amor, a la escucha de Dios, y otra sería, sufriendo o disfrutando, dejar de amar cada vez más.
Acerca del demonio
El demonio no es una fábula como algunos, para su desgracia, piensan. Su existencia real ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio ordinario. Desmentir la existencia del demonio es negar la revelación divina que nos advierte sobre nuestro enemigo y sus tácticas.
El infierno, tras la muerte
La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. El infierno es garantía de la libertad humana. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ''el fuego eterno''. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.
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