
La vida del cristiano es una
existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia Dios, la
santidad, o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él,
el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone
a la voluntad de Dios.
Dones
del Espíritu Santo
Para que el cristiano pueda
luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones
permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu.
Estos dones son:
Don de Ciencia: es
el don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz
invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo.
Don de consejo:
saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento
necesario conforme a la voluntad de Dios.
Don de Fortaleza: es
el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una
fuerza sobrenatural.
Don de Inteligencia: es
el del Espíritu Santo que nos lleva al camino de la contemplación, camino para
acercarse a Dios.
Don de Piedad: el
corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y
el cumplimiento del bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama
en las almas.
Don de Sabiduría: es
concedido por el Espíritu Santo que nos permite apreciar lo que vemos, lo que
presentimos de la obra divina.
Don de Temor: es
el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la
misericordia divina.
Por otro lado, los frutos del Espíritu Santo son: Caridad,
Gozo, Paz, Paciencia, Longanimidad, Bondad, Benignidad, Mansedumbre, Fe,
Modestia, Continencia y Castidad.
(Fuente: blog Padre José Medina)
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