La felicidad está en el interior y en querer siempre lo que Dios quiere. Para vivir alegre y feliz no hace falta tener de
todo, sino basta estar contento con lo que se tiene. Los guías espirituales de todos los tiempos han enseñado que
lo que da más paz, tranquilidad y alegría es la perfecta conformidad con
la voluntad de Dios: «Quiere siempre y en todo lo que Dios quiera y
como Dios lo quiera». Quien se siente fiel a Jesucristo goza de enorme
entusiasmo cristiano. Comunicar este entusiasmo cristiano, es extender
el Reino de Dios en la Tierra.
Procura hacer siempre bien todo lo que tienes
que hacer. Al menos hacerlo lo mejor que sepas y puedas. Y hecho ésto,
quédate alegre y feliz; cualquiera que sea el resultado.
Fíjate en la siguiente historia:
"Érase una vez un hombre de campo que tenía un caballo. Un día el caballo se le escapó al monte. Y el hombre se dijo:
- ¡Qué mala suerte! He perdido mi caballo.
A los pocos días volvió el caballo acompañado de otro. Y el hombre se dijo:
- ¡Qué buena suerte!. Ahora tengo dos caballos.
Pero el nuevo caballo le dio una coz a su hijo y le partió una pierna. Y él se dijo:
- ¡Qué mala suerte! Ahora mi hijo se queda cojo.
Pero estalló una guerra, y el hijo se libró de ir al frente por estar cojo. Y el hombre se dijo:
- ¡Qué buena suerte! Mi hijo no morirá en el frente.
Y es que nunca se sabe. Fiémonos de Dios que sabe lo mejor para nosotros.
- ¡Qué mala suerte! He perdido mi caballo.
A los pocos días volvió el caballo acompañado de otro. Y el hombre se dijo:
- ¡Qué buena suerte!. Ahora tengo dos caballos.
Pero el nuevo caballo le dio una coz a su hijo y le partió una pierna. Y él se dijo:
- ¡Qué mala suerte! Ahora mi hijo se queda cojo.
Pero estalló una guerra, y el hijo se libró de ir al frente por estar cojo. Y el hombre se dijo:
- ¡Qué buena suerte! Mi hijo no morirá en el frente.
Y es que nunca se sabe. Fiémonos de Dios que sabe lo mejor para nosotros.
(Fuente: "Catholic.net")
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